sábado, 24 de mayo de 2008

La estética es la ética del punk


La de aquí al lado es Vivien Westwood, en mi opinión, una de las más grandes ideólogas del siglo XX. Sí, vale, que comiencen las críticas... En teoría ella es diseñadora y una de las razones que me llevan a trabajar a veces más de la cuenta es poder comprarme uno de sus vestidos de princesa caída. Pero su labor más relevante ha tenido que ver con el punk. Según Malcom McLaren él fue el que se lo inventó, según Johnny Rotten, la idea fue suya, pero no, la artífice fue Westwood que, desde su tienda Sex (a la que en los 80 estuve yendo en peregrinación casi todos los días del verano que pasé haciendo que estudiaba inglés en un colegio de King's Road), creó la estética que llevaría a la ética del punk.
Ahora le dedican retrospectivas, hace libros que cuestan 1.800 euros... pero como la Historia la escriben los trepas, pues no pasará a ella como lo que fue: la inventora de un movimiento esencial para entender la vida de después del 77.
Copio una entrevista que le hice a Julien Temple en La Luna de Metrópoli de El Mundo cuando estrenó "The Filth and the Fury", la otra cara de "The great rock and roll swindle". En ella, Temple dice que cuando hizo "El gran timo del rock and roll" estaba manipulado por Mc Laren. Yo, sinceramente, creo que el asunto es que Rotten fue el que le manejó para hacer "The Filth and the Fury". En cualquier caso, vayan a ver el docudrama sobre Strummer del mismo director, merece la pena.
Este individuo con la mirada perdida está preparado para la llegada de la muerte. Al parecer, Julien Temple llevaba dos décadas sin dormir tranquilo por un pecado cometido veinte años atrás. En aquella época, en 1978, consumó una locura de juventud prácticamente imperdonable. Pero el cuarentón británico con pinta de estrella de rock refinada tenía algunas esperanzas. Si Tita Cervera había podido hacer olvidar su pasado y a la futura reina de Noruega se le había perdonado lo de sus devaneos con las drogas… la Historia podría ser clemente con él.El magno pecado de juventud de Temple se llama The Great Rock and Roll Swindle (El gran timo del rock and roll) y, según sus palabras, en aquella magnífica película sobre los Sex Pistols y los entresijos de la industria cultural (que no sólo del disco), él (Temple) fue el instrumento del malvado Malcom McLaren (el manager del grupo), que había manipulado la realidad, dejando a los Sex Pistols como unos analfabetos malolientes que no hubieran llegado a nada de no ser por su vista (la de McLaren) para los negocios, sus contactos y su capacidad para crear una base ideológica.The Filth and The Fury (La mugre y la furia) es la penitencia.
«Una deuda —explica el espigado Temple, víctima de ese vicio tan extendido entre la gente acostumbrada a tratar con las estrellas de rock: vestir como si fueran una de ellas— que tenía que saldar con todos los Pistols, pero especialmente con Johnny (Rotten) Lydon, un tipo muy inteligente al que aprecio muchísimo. The Great Rock and Roll Swindle era la visión de McLaren sobre los Sex Pistols. En esa época yo no me daba cuenta de lo que estaba haciendo, pero la pers- pectiva histórica te ayuda a entender que lo que se cuenta ahí es falso, que la gente a lo largo de los años sólo ha tenido esa película para saber qué pasó en Inglaterra en el 77 y que lo que la gente que no estaba allí conoce es falso. Así que decidí hacer The Filth and The Fury para, por una parte, completar ese documental sobre los Pistols. McLaren ya tuvo su espacio en The Great Rock and Roll Swindle y ahora era el turno de los muchachos. Y, por otra parte, después de 20 años había datos y un distanciamiento imprescindibles para hacer una buena película sobre la anarquía, la música, la sociedad británica de finales de los 70 y el arte en general».Efectivamente, The Filth and The Fury es un complemento perfecto a la primera cinta de este director con altibajos que, después de esa opera prima mítica, consiguió que Bowie hiciera el ridículo en Principiantes. Además, entre sus trabajos está la desconcertante Las chicas de la tierra son fáciles, aunque de lo que vive («Lo que me hace pagar mis facturas», confiesa) son de los videoclips de estrellas como Paul McCartney, Mick Jagger o el propio Bowie (que no escarmienta).Para entender esta nueva entrega del folletín Pistols es muy recomendable ver el filme que en su día financió el controvertido McLaren.
Posiblemente no todo el mé- rito fuera de él y de su compañera, la diseñadora Vivienne Westwood. Pero lo cierto es que si se comparan las declaraciones de hace dos décadas del manager —justificando ideológicamente las canciones, la actitud o la imagen (obra exclusivamente de él y Vivienne Westwood) del grupo— con lo que ellos dicen en The Filth and The Fury, se llega muy fácilmente a la conclusión de que John Lydon y sus compañeros han logrado, después de muchos años, comprender qué hacían y qué significaron en su época de esplendor. Pero que, en el momento, el motor era realmente el malo de la (nueva) película: McLaren.En cualquier caso, en esta cinta —con instantes magníficos como la emotiva (de verdad) entrevista inédita de John hablando de su relación con Sid Vicious (a contraluz, en la que el cantante de los Pistols termina moqueando) o el intento de conversación con el mítico bajista (ventajas de morir antes de hacer la gira de reunión en la que todos terminan cayendo)— se consigue uno de los propósitos esenciales de su autor: contar parte de la historia de la juventud de la segunda mitad del siglo XX.
«El filme —explica Temple— no es un rockumental, eso es lo último que quería hacer. En él hay referencias a Ricardo III y otras obras de Shakespeare, porque la historia de los Pistols y de muchos grupos de rock actuales tienen mucho de drama épico. Ellos, en el 77, consiguieron cambiar más cosas o, al menos, que la gente se fijara en asuntos que hasta ese momento el rock (no me refiero a los cantautores) había ignorado. Fue algo muy muy grande que, en parte, por culpa de las personas que les rodeaban no siguió adelante. La letra de Pretty Vacant o Anarchy in UK no la escribió el manager del grupo, sino ellos, y ese sonido único, que después todo el mundo imitaría, también era cosa de los Pistols. Pero es que, además, gracias al punk se transmutaron otras manifestaciones artísticas. La música cambió radicalmente, pero el arte, el teatro e incluso la forma de hacer cine se transformó».
Con este filme, Temple asegura que ha cerrado el capítulo Pistols: «No quiero —explica— parecerme a esos hippies pesados que están toda la vida hablando de aquel tripi que se tomaron en un concierto de Grateful Dead». En cualquier caso, reconoce que aquella época le dejó muy marcado. Por ejemplo, ¿qué grupo de los últimos 15 años le parece que ha podido ser tan importante como ellos? «Pues si te soy sincero, ninguno. Los Pistols eran totalmente innovadores, pero lo demás… Nirvana, por ejemplo, se basaba en el punk y… no sé… Primal Scream me parecen geniales, podían haber llegado muy lejos y ser realmente revolucionarios, aunque a lo mejor no les interesaba. La presión de hacer historia es muy dura».
VIDA, OBRA Y MILAGROS DEL GRAN TIMO DEL ROCK & ROLLLa imagen de decenas de portadas de rotativos de finales de los 70 con titulares hablando sobre el «escándalo» Sex Pistols es uno de los momentos clave (por su valor histórico) de The Filth and The Fury. Unos minutos de metraje que no tienen el valor emocional de un Johnny Rotten lloroso, recordando viejos tiempos, o una Siouxie jovencísima bailando pogo en un concierto suyo, pero que ayuda a entender la influencia de este grupo en la Historia (no sólo musical) del siglo pasado.Y es que los Pistols eran más que una banda que intentaba luchar contra la hegemonía de las bandas de rock sinfónico de su época. Ellos acuñaron el lema del hazlo tú mismo, que tantos artistas (plásticos, de artes escénicas, literarios y musicales) seguirían años más tarde; Sid Vicious fue pionero en el baile del pogo (que, resumiendo, consiste en empujarse unos a otros saltando al ritmo de la música); reaccionaron contra el paro y la política social nefasta para las clases trabajadoras que al poco continuaría Margaret Thatcher... Pero lo curioso es que recibieron la atención de la prensa y acapararon las portadas de los diarios serios de su país, porque fue el primer grupo que dijo «fuck» en la televisión británica (lo cual le costó al espacio Today Programme su suspensión).
Hasta ese momento, que supuso el despegue definitivo de los Pistols (compuestos por Johnny Rotten, Steve Jones, Paul Cook y Glenn Matlock, que en el 77 sería sustituido por Sid Vicious), el camino había estado lleno de coincidencias. En el 75, Rotten paseaba por King’s Road con una camiseta que ponía «Odio a Pink Floyd», uno de los secuaces de McLaren y Westwood le vio y lo arrastró hasta la tienda que tenían al final de la calle. McLaren unió a aquel chico lleno de resentimiento social con el resto de la banda y, en el 76, publicaron su primer single: Anarchy in The UK. Un año más tarde salía su (único) álbum, Never Mind The Bollocks. Para entonces, ya estaba definida la estética de los Sex Pistols que, según el propio McLaren, tenía una deuda clarísima con algunas de las bandas neoyorquinas que por aquella época rulaban por el CBGB. La meteórica carrera de los Pistols terminó un año después, precisamente en EEUU (algunos dicen que por la influencia supuestamente nefasta de la novia de Vicious, Nancy Spurgen, a la que terminaría matando o, según se deja entrever en The Filth and The Fury, por la mala gestión de McLaren); Rotten, al finalizar un concierto en San Francisco, preguntó al público «¿Os habéis sentido alguna vez estafados?» y esa misma noche abandonó la formación.
Los siguientes son momentos prescindibles que los fans prefieren olvidar: la actuación de Sid Vicious (poco antes de morir por sobredosis, en el 79) haciendo una versión del My Way, La gira del lucro indecente en julio del 96... Instantes para destruir el mito que tanto Johnny como Paul o Steve se empeñan en justificar en algunas imágenes de esos nuevos 15 minutos de fama, casi póstumos, que ahora les ofrece Julien Temple.

2 comentarios:

Jazznoize dijo...

El punk no es moda ni estética.

el zurdo dijo...

Acabo de darle un aviso a Casilda para que se asome a esta entrada. Ella también es una forofa de VW.

Pasando a otro tema (o quizás no), me parece precioso el camafeo de cabecera de este blog.