jueves, 30 de abril de 2009

Parece que tocamos el miércoles 6 de mayo

Pues eso, que el 6 de Mayo Javier Colis y las Malas Lenguas presentamos nuevo disco en el Sol. Es a las 22.30 y cuesta 10 euros. Mi participación musical en el grupo es escasa. Toco el theremín en un par de temas, en plan "guest star" pero sí participo en la letras. Unas son únicamente de Colis, otras a medias y otras más mías.
Pero, como queda mal que yo diga nada y por eso jamás escribo sobre Colis, aquí pego cosas que dicen otros. Yo, lo recomiendo, sin más comentario.

Las aproximación de Javier Colis al rock como género solo cabe definirse como brutal. En expresividad, en sus objetivos y en su fórmula. Otra nube es la deconstrucción de un género, una remodelación del blues y el rock primitivo, una gesta personal de gran valor. No busquéis una formula sencilla en el nuevo trabajo de Colis, no tratéis de encontrar comodidad sonora, pues aunque la propuesta es orgánica el planteamiento resulta extremo en el sentido de que, aun cuando se hace acompañar de la mínima instrumentación, la voz del músico remueve un caldo creativo de gran peso histórico. Las raíces del rock y del blues dictan cada una de las notas que contiene, con Colis a modo de filtro, apoyado por una banda competente que parece seguir sin problemas las directrices de su líder. La influencia de Tom Waits es clara, la voz de Javier, así como sus inflexiones y modos, es deudora del americano, aunque al contar con el castellano como vehículo lingüístico gana en una originalidad de la que no disfrutaría en territorio anglosajón. No se trata de un trabajo fácil de asimilar, aunque bien merece la pena el intento. Profundizar en él no deja de ser interesante, pues se trata de un disco ciertamente vanguardista en su manera de reciclar la tradición sin complejos.JUAN JOSÉ ORDÁS FERNÁNDEZ. En Efeeme

Lo del Rock de Luxe, Metrópoli, Público, etc aquí:
http://www.latrinchera.info/pdf/otra_nube_prensa_baja.pdf

sábado, 11 de abril de 2009

Control y la trastienda doméstica del rock

Sí, en efecto, soy una fanática de Joy Division y voy a dar bastante la lata sobre Control, esa película que estoy deseando ver cuánto ha recaudado en el primer fin de semana porque, como sea mucho, me alegraré de vivir en un país mejor del que pensaba y si es muy poco, corroboraré esa sensación de que conozco al menos al 80% de las personas que han ido a verla, lo cual demuestra mi impresión de que vivo en un micromundo paralelo donde mis intereses los comparten alrededor de 1000 personas, no más, en todo el país. Veremos, la recaudación de Control va a ser la prueba del algodón.
Después de esta primera disquisición, una segunda. En el post anterior (que borraría pero dejo especialmente por el comentario de Jazznoize) me planteaba la posibilidad de que New Order y Curtis fueran unos hooligans y comentaba que si así era, me daba un poco igual. Pues bien, si nos basamos en Control, la impresión es simplemente que son unos chavales de alrededor de 20 años, de clase trabajadora, a los que el éxito les llega de repente y, desde luego, no me parece que salgan mal parados en la película. Hacen lo que cualquier chaval en pleno éxito y cierta inconsciencia juvenil haría: no darle importancia a la enfermedad de su amigo (que él, por otra parte, intenta disimular y a la que tampoco da mucha trascendencia) y disfrutar del momento.
En tercer lugar, una pequeña crítica a una película sublime, con una fotografía sencillamente genial y un planteamiento y un casting perfectos. Control se basa en el libro de Debbie Curtis, la viuda oficial de Ian. Así que hay algunos elementos que, en mi opinión, son partidistas. El hecho de que el punto de vista del filme sea el de la relación entre ambos, me parece original y perfecto, pero creo que Corbijn se ha dejado llevar por esa revancha de Debbie que enturbia un par de pasajes. Su visión es la de la chica de Manchester tradicional, que se casa con un chico guapo y sensible que cita a Wordsworth y que lo que quiere es un hombre que la cuide, que la proteja, que vaya a su trabajo, que salga de vez en cuando al pub y que vaya los sábados a alguna fiesta. Nada en contra de ello, perfectamente respetable, pero igual que Ian se da cuenta rápidamente de que su matrimonio ha sido un error, ella debería haberse percatado que el Ian estrella de rock no es el hombre que ella quiere. En cualquier caso, ella también era joven y es lógico que no tuviera una reflexión tan madura. Pero su resentimiento se nota en su libro, por supuesto, y en la película y eso llega a molestar. El ejemplo más significativo, en mi opinión, es cuando se destaca una voz en off en la que Ian explica que a él esa fama de Joy Division no le interesa, que aquello le estaba sobrepasando, que estaba obligado por el resto de la banda y que, prácticamente, hacía lo del grupo por diversión. No sé si eso sale de algo que había escrito Curtis, pero incluso si es así (todos escribimos, en momentos de desesperación, cosas que no pensamos) me parece erróneo que se destaque y se quiera dar esa impresión. Si nos ceñimos a la película, es evidente que la ambición artística de Curtis es desmedida.
Quiere ser como Lou Reed o Iggy Pop, se molesta profundamente (mientras el resto del grupo está tan contento) porque Tony Wilson, el gran Tony Wilson, simplemente enseña la portada de su single y no pone su disco en la tele; invierte todos sus ahorros familiares en la grabación del primer disco; deja su trabajo… En fin, que no cuela, que aunque Debbie nos quiera hacer creer que Ian fue arrastrado por las circunstancias y que lo que quería era tener un grupillo de domingueros y quedarse con ella, en Manchester, pues no, Ian quería/tenía que ser una estrella. Otro asunto, claro, es el personaje de la amante, la nueva. Un proceso que ya es un tópico a lo largo de la historia del rock y del que los Beatles tienen sobrada experiencia. La novia de adolescencia que se casó con un chico que empezaba no entiende las giras, las ausencias, las rarezas y la dedicación de ese chico normal que, de repente, se convierte en lo quería ser: artista. Así que llega una chica que sí comprende y comparte todo aquello, que tiene más que ver con el asunto y es una buena compañera para esa nueva etapa. Es difícil de aceptar y la prueba está en el libro de Debbie Curtis y en el de Cynthia Lennon (si tan horrible fue ¿porqué mantiene el apellido?) la primera mujer de Lennon, dos tomos que cuentan lo mismo y dos mujeres que miles de años después siguen resentidas e intentando inculcar al mundo esa impresión de que ellos les debian todo (incluso su éxito), un concepto que tan bien supo inocular Debbie a Ian, tanto que, en fin, no es difícil adivinar que la culpabilidad por no llevar una vida “normal”, recta, fue el motivo esencial (no el único, pero sí el principal) que le llevó a ponerse la soga al cuello a Curtis. Anika es la Yoko Ono de Joy Division. Una buena compañera de viaje para un hombre así, tan buena como lo fue Linda McCartney para Paul o Barbara Bach para Ringo pero, claro, de Anika sabemos poco en la película, poco más que está muy buena, que es “como francesa” (algo contra lo que una mujer no puede luchar, la “francesidad” es una cualidad imbatible) y una pija que, según ponen en boca de Curtis (ay, esa influencia de Debbie) no le permite abandonarla, como si hubiera hecho algún sortilegio o fuera una pérfida pécora que le tenía retenido con sus malas artes francesas.
Una de las escenas que más me gusta de Control es cuando Ian llega a casa después de una gira. En el fondo es lo que cuenta en Isolation. La gira es el parque de atracciones, Shangrilá, Oz… o más bien el País de Nunca Jamás, un territorio donde no hay responsabilidades, donde el road manager se ocupa de pagar el hotel, de recogerte, llevarte, contactar con los dealers, seleccionar a las grouppies… el paréntesis de la eterna adolescencia. Llegar a casa, donde te espera una mujer malhumorada porque no tiene un duro, una niña llorando y unos platos por fregar no es el mejor aterrizaje. Es injusto, pero es humano. Esa fase, del grupo que aún no es muy muy famoso (porque en ese caso, no hay problema, llega a una mansión con servicio) y vuelve a la realidad del hogar es algo que siempre me ha intrigado. Cuando entrevisté a Jagger, le pregunté por aquello. Por cómo era volver a casa (cuando aún no era Dios, pero tenía bastante éxito) después de una gira y lo reconoció, dijo que era lo más duro que había del rock. Tener que sacar la basura (y saber que si no lo haces, te va a caer la bronca) después de que todo el mundo te ha estado diciendo que eres el mejor del mundo. Ese es el enfoque en esta película se ha perdido, por algo lógico, es normal que Debbie no quisiera que ese fuera el “testamento” de “su” hombre, pero ahí tenemos Isolation, en mi opinión, la canción que es la clave de la historia de Ian Curtis y también de la trastienda doméstica del rock.

La Letra
In fear every day,m every evening,
he calls her aloud from above,
carefully watched for a reason,
painstaking devotion and love,
surrendered to self preservation,
from others who care for themselves.
A blindness that touches perfection,
but hurts just like anything else.
Isolation, isolation, isolation.
Mother i tried please believe me,
i'm doing the best that i can.
i'm ashamed of the things i've been put through,
i'm ashamed of the person i am.
Isolation, isolation, isolation.
But if you could just see the beauty,
these things i could never describe,
these pleasures a wayward distraction,
this is my one lucky prize.
Isolation, isolation, isolation, isolation, isolation.

jueves, 9 de abril de 2009

¿Era Ian Curtis un hooligan?


Euforia absoluta, casi primaveral, por el estreno de Control. Por fin podré verla en pantalla grande, lo cual es esencial, teniendo en cuenta que el autor es Anton Corbijn, el mejor cronista visual del afterpunk y el hombre indicado (precisamente porque no es la alegría de la huerta) para hacer esta película. El estreno de Control y algo de lo que se desprende de los artículos que se han publicado en El País, me hacen reflexionar sobre dos asuntos. Por una parte, lo increíble... bueno, mejor dicho, lo lamentablemente creíble que resulta que se haya estrenado con dos años de retraso en nuestro país. Una muestra más del poco caso que se le hace al pop y al rock y lo que queda para que la cultura pop se considere cultura, como la otra, la oficial.
Por otra parte, el asunto de que Peter Hook y el resto de New Order sean unos patanes, como afirma Manrique en un artículo que suscribo totalmente, excepto en ese matiz... quiero decir, no es que piense que no sean unos patanes, no, sino que ello no les anula como embajadores de lo cool, entre otras cosas, porque entonces la cantera de Manchester (en mi opinión una de las más fértiles de la historia del pop) quería invalidada en su totalidad.

En fin. La primera entrevista que hice en mi vida fue precisamente a New Order (a los 17 años) y sí, yo que soy de Torremolinos y sé lo que es un hooligan inglés, los reconocí al instante. Además, precisamente el año pasado pasé muchas horas con uno de sus teloneros, el rey del spoken word, John Cooper Clarke, y sí, también, pese a su look y a su pelo cardado, llevaba a un fanático cervecero, fan del Manchester United debajo de sus pantalones de pitillo. Y, vamos, no hay más que ver el proyecto en solitario de Hook, Revenge, con esa portada de la chica escotada subida a la moto, para saber que las grandes preocupaciones de Hook son tres: la cerveza, el fútbol y las glándulas mamarias de un tamaño considerable. Y él, además, está orgulloso de ello; en las entrevistas no se preocupaba en disimularlo (especialmente lo su pasión por las glándulas mamarias de tamaño considerable, doy fe). ¿Y qué? ¿por eso es peor Blue Monday, por poner un ejemplo? Recordemos que Blue Monday llegó al éxito gracias a España y por una razón más física que intelectual. Tony Wilson llamó alarmado a Mario Pacheco preguntándole qué pasaba en nuestro país porque el maxi de Blue Monday se vendía como rosquillas. Pacheco le tuvo que explicar que se había convertido en el gran éxito de las discotecas de Ibiza y que todos los Hooligans que iban allí (muchos de ellos de Manchester) estaban entusiasmados con el disco. Al volver a su país, convirtieron la canción en número uno.
Hombre, el caso de los New Order no es aislado. En 24 Hours Party People, una película esencial, se explica cómo eran Happy Mondays (a los que también entrevisté y todo ese rollito moderniqui, tipo pre-festival de Benicassim, se iba al traste viéndoles a ellos y al padre de Bezz, que era su manager, y parecía un secundario de película de Ken Loach). Sí, la mayoría de los chicos de Factory eran unos patanes. No eran los tipos cool de 4AD o de Creation, no. Si quitamos a Vini Reilly y alguno más, en general, el futbol y no los simbolistas era su pasión (aunque una cosa no esté reñida con la otra, pero no era el caso). Y, en fin, y mira que idolatro a Ian Curtis y Love will Tear us Apart o She’s lost Control son unas de mis 10 canciones favoritas, pero no tengo claro que fuera precisamente un tipo trendy, cool y todo eso, pero, sinceramente, me da un poco igual. Los ídolos están para eso, para proyectar en ellos y en su obra lo que a una le da la gana y si a Ian le gustaba más las beans con salchichas que el caviar de Beluga, pues bueno, no voy a pensar mucho en ello.

sábado, 28 de marzo de 2009

El submarinismo no es para todos

Ayer vi “21 días”, el programa de Cuatro de periodismo gonzo, en el que la periodista, esta vez, hacía el experimento de pasarse todo el día fumando porros. Lo primero, decir que tanto ella como el programa me parecen de lo mejor que puede verse en televisión. Pero lo que me enseñaron ayer no me convenció en absoluto. Los que sabemos cómo funciona el asunto lo tuvimos claro y no hizo más que corroborar algo evidente que todos los expertos en drogas y, por supuesto, el gran Escohotado, llevan diciendo desde hace años y que él, por enésima vez, repitió en el programa. No todo el mundo debería consumir drogas y obviamente, el cannabis, es una droga. En el programa nos mostraron dos ejemplos de gente que ha tenido serios problemas por el consumo de esta sustancia y que se ha visto obligada a acudir a centros de desintoxicación porque los porros afectaban su vida normal y les producían cambios de humor, paranoia y una serie de alteraciones mentales. Está bien que esta gente diera su testimonio. No había más que oírles para darse cuenta de que eran personas con una clarísima tendencia al desequilibrio emocional y mental que jamás deberían haber tomado ni cannabis, ni alcohol, ni anfetaminas, ni café, ni te ni probablemente chocolate del de comer. El mensaje es claro: los porros son una droga y, como tal, no debe consumirse hasta que las conexiones neuronales y la estructura cerebral esté totalmente formada (es decir hasta los 18-19 años) y cualquier persona que note que al probarlos le afectan negativamente debería dejar de consumirlos. En un programa de Dragó sobre enteógenos en el que participé, uno de los grandes expertos en la materia, Manuel Villaescusa, puso un ejemplo claro. No todo el mundo debe hacer submarinismo. La gente claustrofobia, problemas respiratorios o del corazón no deberían hacerlo, si lo practican corren un riesgo enorme, pero por ello no debe decirse que el submarinismo es malo ni debería prohibirse.
Pero es mensaje, aunque se dejaba intuir, no quedó del todo claro. Tendía más bien a considerar que el cannabis es malo, en general, sin especificar. Eso sí, excluyendo su uso terapéutico para enfermedades como el cáncer o la esclerosis múltiple, pero eso no es suficiente para explicar de verdad en qué consiste esa sustancia y para que la sociedad no dramatice y convierta en un conflicto, en un drama algo que no lo es. Señora, si su hijo es normal y tiene 20 años, no se preocupe porque fume porros o preocúpese, pero no más que si se toma unas cañas al salir de la facultad.
Yo eché de menos el testimonio de, al menos, una persona (por equilibrar) que lleve una vida normal y que consuma habitualmente cannabis. Conozco bastantes ejemplos. Gente con puestos relevantes, con hijos, trabajos de responsabilidad que, en algunos casos, fuman porros al acabar la jornada laboral, como el que se va de cañas, y en otros, cuando se trata de freelance que trabajan en casa, durante toda la jornada, sin que esto altere su productividad. Adultos que lleva 30 años haciéndolo y que probablemente, si no fumaran, tendrían que estar tomando ansiolíticos en algunos casos y en otros tendrían graves problemas de estrés o que simplemente fuman porque les gusta, les hace sentir bien y listo.
La periodista, claro, haciendo el reportaje, llegaba al extremo. Se pasaba literalmente todo el día, desde antes de desayunar, fumando, y su conclusión final era que esto le afectaba a la hora de rendir, de concentrarse…Evidentemente. Yo vi el reportaje con una persona que consume esta sustancia a diario y esa mismo ser humano, que lleva una vida normal y que no viste con chándal ni arrastra las sílabas al hablar, se quedó impresionado por el tamaño de los canutos que fumaba la reportera, la cual, en Ámsterdam, probó algunas de las especialidades más fuertes, con un efecto claramente alucinógeno, que nadie con dos dedos de frente consumiría para un uso que no fuera plenamente recreativo, es decir, un día que no tuviera ningún compromiso importante. Comentaba también, de camino a la entrevista con Escohotado, que era incapaz de hacerla en ese estado. Obvio. Si se hubiera tomado 6 cañas, tampoco estaría en condiciones de hacer una entrevista, en cambio quizá si se hubiera tomado una o fumado un porro menos cargado pues sí.
Hace unos días, otro de los expertos en el asunto, Dragó, comentó algo que la mayoría tomó como una “boutade” pero que yo creo que es una sugerencia de lo más lúcida. El dijo que una manera de acabar con la crisis mundial era acabar con el prohibicionismo de la droga. Vamos, que si los estados ganaran, como con el tabaco o el alcohol, un porcentaje (en blanco, no en negro, como hasta ahora) por la venta de drogas que el PIB aumentaría considerablemente… ¿Ya? Ya han pasado las risas, los comentarios jocosos etc, vale, pues ahora a lo mejor conviene reflexionar seriamente sobre el asunto.
A todo esto, yo no fumo porros. Tengo la tensión muy baja y me sientan fatal, por si alguien piensa que todo esta parrafada es una cuestión meramente personal.

domingo, 22 de marzo de 2009

Hacke, a sus pies


Hacía mucho tiempo que no veía una de esas actuaciones que te hacen sentir eufórica y te llenan la cabeza de ideas urgentes, que te impulsan a salir corriendo para encerrarte y pergeñar algo que se ha encendido y que imagino que es a lo que llaman inspiración. Supongo que a eso se referían algunos cuando hablaban de las musas, pero no me acabo de creer que la simple observación de una belleza provoque algo tan brutal como ver, por ejemplo, en directo a Alexander Hacke. Digo a Alexander Hacke porque tengo que reconocer que si en la actuación de acabo de ver en Gijón hubiera ido solo, sin proyecciones y sin Danielle de Picciotto, el efecto hubiera sido igual de impactante. Pero es evidente que Danielle es absolutamente genial, sus dibujos brillantes y que el espectáculo Ship of Fools es una delicia cercana a la genialidad gracias a ella, que podría decirse que es responsable de un 70% . Pero no voy a hacer una crítica de Ship of Fools, afortunadamente, la era de emitir juicios previo pago quedó atrás. Estoy hablando de otra cosa, de un asunto que va más allá de que Ship of Fools sea uno de los mejores shows que he visto nunca, hablo de lo que Alexander Hacke es capaz de hacer conceptual y físicamente.
Supongo que esto es como en la vida real. Hay gente con la que uno conecta desde el primer minuto, una conexión que tiene que ver con referencias culturales comunes, una actitud vital concreta, un sentido del humor y, quizá lo más importante y que resume todo eso, la ironía, que es donde se concentra todo. La risa provocada por algo muy sutil a lo que un accede únicamente si comparte códigos con el otro. Pues bien, con Hacke se dio la chispa. Dejemos a un lado su presencia escénica… O no, no la dejemos a un lado porque, es cierto, probablemente si Hacke no fuera así de imponente, sí imponente, aunque suene a película de Alfredo Landa, pero es que no hay otra palabra que lo defina mejor, el mensaje no sería tan efectivo. El jovencito altísimo y flaquísimo se ha convertido en El Hombre. Defíname Hombre, pues bien: el arquetipo del término: alguien viril, con un aire de autoridad (el uniforme de capitán de barco a lo Titanic ayuda) y una especie de seguridad que activa ese resorte que cualquier ser humano (y no me refiero a sólo a las mujeres) esconde en su inconsciente cuando piensa en un Hombre con mayúsculas y todas las letras. Ship of Fools es algo muy serio, pero está lleno de diversión casi gamberra. Por eso ellos son dos arquetipos, el capitán capaz de salvar del hundimiento el barco y ya no digamos a cualquiera a la deriva y la grumete delicada que mueve su falda con cancán inocentemente.
Hacke es consciente de que esa imagen es poderosa y por eso sus guiños kitsch, su manera de rozar referencias culturales que todos, incluso los más cool, incluido uno de los líderes de la banda de vanguardia extrema por excelencia, guardamos en nuestro interior. En Ship of Fools está concentrado todo su (y mi) imaginario. Y hay una falta absoluta de prejuicios. Hacke es la muestra de cómo la electrónica, la música pregrabada y manejar un aparatito diminuto que hace mucho ruido puede ser una experiencia tan brutal como ir al mejor concierto de rock del mundo. Cualquier otro, seguramente, parecería ridículo manejando la pantalla táctil de un secuenciador digital, pero el con las piernas abiertas, a lo Sid Vicious, lo trata como si estuviera tocando una guitarra eléctrica, a punto de tirarse por el suelo y tragarse el micrófono.
El espíritu del rock en estado puro y también de la música disco (aunque no haya ni una nota que remita a ella) y, por supuesto, del lounge cabaretero, más barato… Diversión en estado puro que remite a los bajos instintos: al sexo, la gula, la ira. Probablemente esa la cuestión y ahí reside el secreto de las musas que nos han vendido como algo espiritual. El resorte de los instintos más bajos es el que activa eso que llaman inspiración.

viernes, 27 de febrero de 2009

De los 12 a los 17, lo demás es repetirse




A otros, con la presunta crisis de la madurez les da por liarse con quinceañeras/os o por teñirse el pelo de rojo. Afortunadamente yo llevo 15 años siendo pelirroja falsa y los quinceañeros me parecen una especie interesante, como los lagartos, pero con los cuales prefiero evitar cualquier tipo de contacto. Pero la adolescencia suele plantarse, exigente, cuando queda claro que cualquier gesto que remita a ella empieza a resultar patético y cuando uno tiene la edad de tener hijos con acné. Por eso, al hilo del post anterior, me ha dado por darme cuenta de que realmente lo que uno es el resto de su vida es lo que fue de los 12 a los 17 años.
Lo demás es una investigación sobre ello. A veces una ampliación y otras una huida. A mí, en general, me atrae la gente que continúa esa línea de la inmadurez. Los que una vez, a los 13 años compraron un libro que no entienderon pero les hacía parecer mayores, más intelectuales, y que, a partir de esa actitud estética, terminaron comprendiendo y estudiando o, incluso convirtiendo en su profesión, aquélla primera pulsión. Con la literatura es evidente que pasa. Yo cogí de la librería de mi padre La Montaña Mágica porque en una entrevista leí que era el libro favorito de Peter Murphy. Entonces, más que nada, la paseaba. Era el complemento perfecto para una siniestra en el agosto de los 40 grados de Torremolinos. Toda de negro, pelo cardado, palidez sepulcral y Thoman Mann de la mano. Años después la retomé por razones que no vienen al caso y me di cuenta de que entonces sí que me entusiasmaba realmente. Me daba la paz que necesitaba en ese mes o a lo mejor no, pero me hacía recordar aquélla época de descubrimiento y me convencí de ello.
Pero hablemos de música, que es lo que en el fondo deja huellas más hondas. He oído miles de canciones, he investigado en el jazz, la electrónica, la música concreta y hasta en la world music (incluso) pero en el fondo, lo que siempre me va a entusiasmar, a emocionar, a volver del revés, es cualquier música que me remita a Bauhaus, Joy Division, Squeeze, Aztec Camera, Scritti Politti, Virgin Prunes, The Cramps, Screaming Lord Sutch, Yazoo, This Mortal Coil, The The, Joy Division, Julian Cope o Siouxie. Incluso a Liasons Dangereuses o Mars, que vinieron después a mi tocadiscos. Pero esa es la base, lo demás es racional, puede gustarte, pero no es lo mismo. No es la pasión, las cosquillas en el estómago, el enamoramiento en la primera fase. Y eso pasa, incluso, poniéndonos petardos, con los gustos estéticos.
Mi fenotipo preferido tiene una explicación sencillísima: Peter Murphy e Ian Curtis. Delgadez, palidez, pelo oscuro, preferiblemente. Aunque hay excepciones, como Julian Cope, ese hombre que (Bruno Galindo dixit) "comparte taxidermista con Iggy Pop" que sigue esa línea Peter O'Toole/Gary Cooper que tampoco me es indiferente. Su imagen en el Palabra y Música de hace tres años www.palabraymusica.org, es una de las más potentes sexualmente que he visto sobre un escenario. La adolescencia, ese infierno, sirve para eso, si no, no tendría explicación que los humanos pasemos una etapa tan horrible de inseguridad, fealdad, emociones extremas e ira. De los 12 a los 17, hagamos memoria.

sábado, 7 de febrero de 2009

Mis condolencias a Poison Ivy



Ha muerto Lux Interior, cantante de The Cramps, uno de esos grupos que son conscientes de que el rock and roll consiste en hacer música y en crear espectáculo, a partes casi iguales. Ha dado la coincidencia de que la noticia de su muerte me ha llegado cuando organizaba en la presunta Costa del Sol (la de los tornados, el frío y las lluvias) el seminario anual Poesía del Rock, que este año estaba dedicado a Eros y Tánatos. The Cramps es, posiblemente, uno de los grupos que mejor ha combinado ambos elementos, tanto estética como musicalmente. Yo adoro el psicobilly, me parece el estilo más divertido que existe. Sí, divertido, sin matices. Screaming Lord Sutch y su Jack The Ripper es de esas canciones que me alegran el día. En pocos meses, han muerto dos iconos del leopardo y del juego de los disfraces del underground: Betty Page y Lux Interior. El mundo es bastante peor... Ayer, uno de los asistentes a la mesa redonda sobre Eros el rock y la literatura, que hicimos en el IML, nos "acusó" de nostálgicos a Darío Vico, Luis Boullosa, Silvia Superstar y a mí (todos consternados por el asunto Interior). Habría mucho que hablar al respecto. Yo, personalmente, decía que el indie, en general, en España, había roto esas referencias al sexo y lo oscuro que ha sido siempe consustancial al rock. Los argumentos de este chico eran sólidos y seguro que, con más tiempo, en el fondo hubiéramos estado de acuerdo, pero como apuntó Taján, no veo nada malo en mirar al pasado, más que nada para saber de dónde viene Marilyn Manson o los Strokes o Interpol. En cualquier caso, la muerte de Lux Interior, personalmente, me ha hecho reflexionar sobre la madurez, la vejez. Mis ídolos empiezan a morir de cosas de viejos, no de jóvenes. Ahora ya puedo hablar con propiedad de "mis tiempos" y veo que no está tan mal.