sábado, 6 de junio de 2009

Un rigor mortis muy favorecedor


Relato de la serie "Sexo en Madrid" de El Mundo. Publicado en 2006 (nada que ver con Crepúsculo). Reformado.


El día que en el 666 apareció Paul, aquello fue una revolución. Todas las princesas góticas de la discoteca empezaron a poner poses lánguidas para atraer la atención de esa especie de Lux Interior escuálido, pálido, ojeroso, con unas esposas colgando el cinturón, botas de montar, y una fusta. Esa misma noche, Paul se acercó a ella y empezaron a hablar. El detalle de que se hubiera puesto unas pequeñas fundas en los colmillos para darles una apariencia de vampiro, a Sonia acabó de derretirla.
Estuvieron charlando hasta que el dj puso “The Song of the Siren”, el tema con el que el local anunciaba el cierre cada fin de semana … Hablaron de mil cosas, pero lo que a Sonia mas le impacto fue Paul le recitara pasajes de "La Filosofía en el tocador", un libro, que según dijo, se sabía de memoria.
A Sonia le gustaban los chicos cultos y Sade le interesaba, pero ese pequeño detalle le hizo intuir que la cuestión sado-maso que para ella era meramente estética y teórica, en el caso de Paul era más práctica. Pasaban los días y ella intentaba evitar el momento del contacto sexual. No estaba segura querer acostarse con alguien que se supiera letra por letra "La Filosofía en el tocador". Después de varios días de sopesar los pros y los contras, Sonia pensó que Paul merecía la pena. Así que fue a esa primera cita en su casa con una sensación a medio camino entre la de la visita al dentista y la Mañana de Reyes. Aterradamente ilusionada. A medida que los primeros escarceos evolucionaban, Sonia estaba más tensa, esperando el momento en el que Paul le propusiera algo raro… pero todo era normal y corriente. Muy placentero, Paul sabía lo que se traía entre manos, pero no hubo grandes sorpresas. Sonia estaba feliz. Al día volvió a quedar y al siguiente, también.
En la cuarta cita, Paul le pidió que fuera un poco antes, que le iba a preparar la cena. Sonia pensó que aquello empezaba a ser ya una relación en toda regla. Pudo comprobar, de nuevo, que Paul tenía un gusto exquisito. El mantel negro, platos negros, cubierto con la empuñadura rematada en calaveras plateadas… y sólo un par de notas de color: rosas rojas y la sopa de tomate, que ya estaba servida. Sonia tomó la primera cucharada y la escupió. Aquello sabía a ¡sangre! Paul corrió a su lado y la ayudó a limpiarse. Le pidió disculpas, le dijo que se había confundido, que pensaba que Sonia era “de los suyos”, pero que entendía que ella no compartiera esos gustos y lo respetaba. Sonia, después del susto, reflexionó un segundo antes de salir corriendo. Miró a Paul, que la observaba entre excitado y asustado, cogió el cuenco y empezó a beber, dejando caer parte del líquido por las comisuras de los labios. Tampoco era tan grave… El Ansia era su película favorta y además, como buena burgalesa, adoraba la morcilla.

martes, 26 de mayo de 2009

No tomar el nombre del Chill Out en vano

Escuchando el genial Electric Storm de Whitenoise me ha venido a la memoria aquella era de los 90 en la que me dio por ser dj de ambient. La idea surgió durante mi estancia en Londres en el 94. Vivía en Brixton y allí había una casa okupa llamada Cool Tan, donde además de tocar casi todos los fines de semana Test Department (que eran vecinos del barrio), se organizaban raves y había, claro un chill out. El asunto raves y chill out en aquélla época era aún incipiente en España. Pero a la vuelta, llegué obsesionada por aquél concepto. La idea de que en una discoteca hubiera un espacio aparte donde la gente se tumbaba, descansaba y se relajaba oyendo a Brian Eno, a Steve Reich, Whitenoise, Future Sound of London o Satie me parecía maravillosa. Así que poco a poco fue metiéndome en aquél mundo. En España había poca gente que hiciera aquello. Bueno, más bien poca gente que se enterara de qué iba. Suso Saíz había sido uno de los pioneros (me refiero al concepto de chill out como tal, por supuesto, en los 60 y los 70 hay españoles que se dedicaban a ello), Nacho Sotomayor y Juan Belda también lo había explorado, pero dos personas que lo llevaron a la práctica, que se recorrieron todos los chill out y los festivales de por aquí fueron Fred Tassy y Justo Bagüeste, bueno y, en menor medida (y no es falsa modestia, por Fred es un maestro como dj y Bagüeste ofrecía directos increíbles), yo misma. En esas sesiones, en espacios infectos porque el Chill Out era siempre el hermano pobre de los raves y de los festivales, se seguía ese espíritu por el comenzó a desarrollarse ese concepto en Inglaterra, donde los chill out se convirtieron en obligatorios en cualquier rave. Como el consumo de mdma era algo evidente, se exigía que hubiera un sitio donde los ravers pudieran descansar, beber agua y evitar el golpe de calor. Aquí, en fin, se trataba que fuera así, pero muchas veces el chill out se convertía en otra sala más pequeña donde o bien se colaba la música de la principal o simplemente el dj de turno ponía música para bailar, sin entender nada de nada.
Las mezclas de música clásica con bases ambient y demás experimentos se dejaban para unos pocos, entre los que se encontraban también HD Sustance, Big Toxic, Noarbe (Dinamo) o Groof. Noarbe, X Flash, Bagüeste y yo hicimos una gira delirante por los chill out de varios festivales con el proyecto de Bagüeste IPD, de allí podría salir un libro.
Después alguien más listo que todos nosotros (fallo nuestro) cogió el nombre de chill out y se dedicó a crear fórmulas comerciales para el consumo masivo. Los primeros discos de Café del Mar, los de José Padilla, tenían cosas muy interesantes, pero después se convirtieron en un batiburrillo para gente a la que no le gusta la música que iba a ibiza, veía la puesta de sol y se quería llevar a casa un trozo de sus vacaciones. Más tarde llegaron aberraciones como el flamenco chill (magnífica etiqueta) con voces que más que relajar, a mí, personalmente me ponen los nervios de punta.
Pero nada en contra, simplemente, que a veces, hay que morderse la lengua cuando alguien habla de lo que le gusta la música chill out y tú, por pereza, dices que sí que muy bonito. El lenguaje es muy puñetero y es como si te enseñan una mesa y te dicen: “¿has visto que silla más bonita?”. Pues no, la silla es horrorosa y además es que eso no es una silla. Pero no, tú vas y pone el vaso en ella y te sientas en la mesa, porque ya no tienes energía para explicaciones.

viernes, 15 de mayo de 2009

enteógenos y cine de la transgresión


Semana tirando a rara: drogas y sexo. Pero todo en el plano teórico. El jueves, presentación en Off Limits Madrid de la Revista Ulises, con su director, Fernando Pardo, Javier Esteban y José Carlos Aguirre. Para quien no lo sepa, Ulises es la única revista en España dedicada a esa manida palabra que es "contracultura". Desde las corrientes de pensamiento alternativas a las formas de vida al margen. Su subtítulo es "El Viaje Interior" y ya se sabe en qué pensamos al leer eso... Pero los enteógenos y las formas de alterar la conciencia por métodos físicos, como la meditación y técnicas de respiración, es sólo una parte de la que, en mi opinión, es la revista más interesante que se hace actualmente, junto a Kaput y Ruta 66.

Al final, claro, la conversación derivó hacia el asunto de los enteógenos. José Carlos, Fernando y Javier son tres autoridades sobre el tema. No voy a contar aquí qué se dijo, pero sí me llamó mucho la atención la presencia de dos chicos jovencísimos, quizá tendrían 16 años, que hicieron un par de preguntas poniendo en duda la "utilidad" de las experiencias visionarias de alteración de conciencia. Ellos aportaban una perspectiva racionalista. Y, bueno, sería demasiado largo explicar su punto de vista. Pero me llamó la atención que el mundo, ahora, estuviera al revés. Unos casi adolescentes diciéndoles a uno tipos de entre treintaypico y cincuentaypico años algo así como ¿qué necesidad hay de tomar tripis? (simplificando todo mucho). Esto demuestra que la cultura de la psiquedelia ya ha cuajado definitivamente. Cuando los jóvenes en edad de explorar se plantean si realmente eso es necesario, es decir, tienen una actitud crítica al respecto, todo va bien.

Al día siguiente estuve en el festival de Cine Erótico Independiente de Madrid (en los Golem hasta el domingo). Fui a ver LLik your Idols, un documental que recomiendo fervientemente sobre el Cine de la Transgresión, esa corriente encabezada por Nick Zedd y Lydia Lunch y en el que participaron Thurston Moore, Foetus, Jarboe y The Swans y, por supuesto, mi adorado Richard Hell (en la foto). Debo reconocer que mi sensibilidad me hace rechazar muchas de aquéllas imágenes, herederas, por otra parte del gran Waters (punto evidente, pero que no se suele mencionar) , pero me parece esencial que algo así existiera. En el documental se dice que aunque en las películas de este movimiento se incluyen escenas pornográficas del hardcore más hard, no resulta excitante sexualmente. Totalmente de acuerdo, ni falta que hace. El festival incluía un programa doble, con corto de Richard Kern después. Kern sí moviliza la líbido, obviamente y también a las mujeres aunque lo que hace no sea "porno para mujeres". En cualquier caso, aquéllo me hizo reflexionar sobre la inutilidad de ver pornografía en un cine. Me van a disculpar y lo mismo es que yo no lo he pillado. Pero la pornografía es evidente para qué está hecha y, en fin, a no ser que estemos hablando del cine Carretas donde había un fin de desahogo claro, no acabo de entender la gracia del porno en pantalla grande y en un lugar público. Supongo que no es para apreciar la dirección de fotografía... En cualquier caso, en este festival sí que hay películas que si no se ven allí, no pueden verse en otro sitio y que dan una vuelta a esa estética de tacón blanco y laca del porno habitual. Pin Ups, clásicos de los años 20... , todo rematado con fiestas, talleres (esencial el de Beatriz Preciado).

sábado, 9 de mayo de 2009

La industria del disco es la UNICA culpable de la crisis de la industria del disco. (La música basura no tiene precio)

Hoy, mientras hacía sitio para… bueno, es muy largo de explicar. Hoy me he encontrado la Caja de las Casettes. Una caja que llevo trasladando de mudanza en mudanza, desde que a los 17 años dejé mi cuarto del Edificio Ronda 4º-6 Torremolinos Málaga para irme a estudiar a Madrid. En esa caja de doc martens (sí, las que me compré en mi primer viaje a Londres) están las cintas que compré en Camdem (grabaciones de conciertos de Psychedelic Furs, Joy Division, A Certain Ratio, Buzzcocks o Virgin Prunes), las que grababa de la Radio, cuando Ordovás o Eduardo Palma ponían alguna canción de Kaka de Luxe o de Factoría Ribentrop…, las que me grababan mis amigos guiris y especialmente las que me hacía (con portadas en plan fanzine punk) Louis Jantzen. El tenía ventaja; era candiense, es decir, tenía acceso a grupos que no llegaban a Torremolinos y además me doblaba casi la edad (yo tenía 16 y él debía rondar los 30). Eso, combinado con que yo le idolatraba platónicamente (el platonismo se acabó pronto, afortunadamente) hacía que cualquier grupo del que hablara se convirtiera de inmediato en mi foco de mi interés. Gracias a él y a sus casettes descubrí a sus amigos The Sound, a Cabaret Voltaire, New Order, la primera Souxie, Midnight Oil, John Foxx (My Sex es la culpable de mi afición al spoken word, ahora que lo pienso) o That Petrol Emotion. De repente, me he dado cuenta de que mi formación musical se basaba en esas casettes y ha llegado una de esas certezas que uno tiene en la razón pero sólo le llegan en plan epifanía cuando la magdalena de Proust entra en acción.
En una frase, mi revelación puede resumirse en: La industria del disco es la culpable de la crisis de la industria del disco. Vale, esto es un Perogrullo, pero es que hay que recordarlo porque nos intentan contar que la culpa es de la piratería, de las descargas de internet, de la falta de cultura de la gente… No, esas son las consecuencias: los resultados de una gestión nefasta y de un empeño por crear productos dóciles, oficinistas de la música en vez de artistas.
Aclaremos términos. Con esto no quiero decir que esté a favor ni que la gente consuma únicamente música bajándosela por internet o comprándosela a un señor en el top manta. No. Creo que las bajadas de internet o bien deben pagarse o bien deben servir para que alguien que normalmente tiene un presupuesto para comprarse 30 discos al año, siga comprando (o pagando por bajarlos) esos 30 discos, pero para elegir cuáles son haya podido oír antes pongamos que 200. Repito, por si no queda claro (que ya imagino los comentarios y creo necesario repetirlo): Estoy en contra de que la música sea gratis porque los músicos, pese a que la delgadez les favorezca, tienen derecho a comer, a comprarse casas y a ganar dinero, como los actores, los pintores, los escultores, los arquitectos, los camareros, los panaderos, los ingenieros o incluso, como los políticos.
Pero entiendo que alguien que no tenga el amor al arte que yo profeso (y el amor al arte consiste en querer que los artistas no se mueran de hambre) haya llegado al punto de pensar que es ridículo pagar por un objeto que contiene música. A ver, pensemos, ¿porqué se ha llegado a eso?.
1- El problema esencial, que repito una y otra vez, pero es que es cierto es el siguiente: La industria quitó el valor a la música, empezó a pensar que cualquier cosa valía. Contrataba a grupos dóciles, pero negados musicalmente, con lo que dócil conlleva de falto de carisma, de carente de rebeldía, de ausencia total de riesgo… todo eso que la música popular, desde el jazz al rock, pasando también por el pop, ha propugnado desde siempre. Pues bien, si haces basura, la gente sí, la consume, porque algo tiene que oír, pero no le dará valor y no paga por ella. Por eso, como consecuencia, pero no como motivo de la crisis, el motivo lo han provocado ellos mismos, la gente piratea porque no valora la música y no la valora porque nos quieren confundir y dar como algo bueno, de prestigio, productos que son lo que toda la vida se ha considerado música para gente que no oye música, música de usar y tirar, que también tiene que existir (digo yo) pero que siempre ha estado claro que era eso. Ni más ni menos.
A partir de ahí, me dispongo a desmontar otros mitos que la industria se encarga de propagar:
2-Algunos dicen que la culpa es del formato del cd. Que el vinilo era una obra de arte y el cd, no. Disiento. Pese a mi amor por el vinilo (una pasión que me ha provocado varios lumbagos en mudanzas) y aceptar que el cd es mucho más feo, sí, una buena edición de cd es también una obra de arte. Pero, claro, la industria del disco, a finales de los 90 hacía unas ediciones de Cd tan horribles que, obviamente hacían que el objeto se devaluara. Hay ediciones del top manta mejores que algunos cds originales de entonces. Ahora, 15 años después, ya han espabilado.
3-¿Porqué los casettes no hundieron la industria del disco? Algunos dicen que porque el sonido era peor. Claro, el mp3 es mucho mejor, ja. Y, por favor, ¿alguien cree, fuera de los eruditos, que la gente realmente se preocupa por el sonido? Bueno, no pierdo el tiempo sobre este tema, porque el asunto es que en la era de la cinta, la gente pensaba que la música era arte. ¿Por qué? porque las discográficas, esos entes esenciales para que un artista triunfara, que se encargaban de su promoción, de asesorarles y, sí, claro, de hacerles alguna faena, pero seguían siendo empresas artísticas (con inquietudes económicas, lógicamente), se encargaban de sacar productos de calidad, no como a finales de los 90 (ahora la cosa parece que empieza a cambiar, poco a poco), la era de la gran explosión, de las ventas millonarias. Ese tiempo nefasto, en el que los AR y los directivos de las discográficas (salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano) no hablaban de música, de carisma, de canciones, sino de elementos que no tenían nada que ver con el contenido o la calidad del disco y del artista. De los medios de comunicación, mejor no hablar. Respecto a los generalistas, la música siempre ha sido el hermano pobre y excepto si había alguien a quien realmente le apasionara la música, el resultado era ir a tiro hecho o a artistas que te “vendían” porque habían grabado el disco no sé donde, con tal productor o con la colaboración de tal artista. El paroxismo llegaba a tal punto, que en una ocasión, en una discográfica (que, por otra parte, hay que decir antes al menos funcionaban, ahora ya ni eso, ya contaré anécdota al respecto después) me convocaron para hacer una mega entrevista a su “objetivo” (sí, si del artista que era objetivo se ocupaban, si no, es que ni se molestaban en decirte que había salido un disco). Como la entrevista era para un suplemento que se cerraba con mucha antelación, me daban largas a la hora de mandarme el disco. Dos días antes de la entrevista, lo reclamé ya con cierto mosqueo y me dijeron que no, que era imposible, que no tenían el disco a tiempo, que tenía que hacer la entrevista sin haber oído el disco, pero que no me preocupara, que me mandaban la hoja de promoción y que, hombre, estaba grabado en tal con tal y con cual. Cuando me negué a hacerla me dijeron que no lo entendían. Al final, milagrosamente, consiguieron una copia (tiendo a pensar que la verdad era que, por vaguería, ni se habían molestado en pedirlo) pero ellos no salían de su asombro. Esa es otra parte, la desidia de muchos de los trabajadores de las discográficas y también de bastantes periodistas. Desde los AR a los jefes de producto pasando por los encargados de promoción. Cuando yo empecé en esto, a finales de los 80. Todos se entusiasmaban, te hablaban de los grupos con pasión, hacían lo que fuera para conseguir el disco antes de tiempo si podías hacer algo por ello (hablo, claro, desde el punto de vista del periodista, primero de fanzines y revistas musicales y después desde un diario de tirada nacional). Desde hace unos años, es todo desidia. Hace poco, por concluir con otro ejemplo, que creo que es gráfico, pedí el disco y la información de un disco que aún no había salido porque iba a entrevistar para un medio que no digo, pero un medio nacional, muy importante (es decir, no era para una radio local, digamos) a su autor. En la discográfica me mandaron un enlace incorrecto para que me lo bajara (legalmente) porque, según ellos, no les quedaban copias. Después de mil llamadas, no conseguí que me dieran bien el enlace, así que me lo bajé de internet (sí, ya estaba colgado) pero vi que no estaban las letras, esas no las encontré, y las necesitaba, claro. Las pedí y la jefe de producto me dijo que llamara a la editorial del artista, le dije que llevaba tres días intentando conseguir el disco y que a la editorial llamara ella y me las mandara, que era su trabajo… pasaron dos días y no me las mandaba. Me pareció todo tan surrealista que la llamé e hice algo que no había hecho jamás, le dije que no se preocupara, que era amiga del artista (cosa cierta) y que ya le llamaba para pedirle a él el disco (que no podía tener porque no estaba a la venta aún, que si no iba a un Vips y ya está). La reacción fue automática, me dijo que no me preocupara que ahora que lo pensaba, podía conseguir una copia, que me la mandaba por mensajero, la edición limitada de lujo… Esto jamás hubiera pasado hace años, ni cuando escribía para fanzines, me refiero a la etapa previa a mediados de los 90, que fue cuando todo se fue al garete y cuando provocaron la crisis y entraron en las discográficas funcionarios ineptos como esta, a la que probablemente el artista en cuestión se la suda, apostaría mi pie derecho a que ni se había oído el disco . El artista del que hablo, por cierto, no es precisamente underground, está en el digamos top ten de los más vendidos.
4- Dicen, también, que los cds son caros y que por eso no se compran. Falso, los libros cuestan igual que los cds y son más baratos de hacer. Sí, porque ya no hace falta contratar un estudio de 2.000 euros diarios durante un mes para grabar un disco. Los libros nadie dice que son caros, así que los cds tampoco. O sí, todo es caro, 3 euros por una cerveza es una barbaridad, pero ese es otro debate.
5- ¿La solución? La ignoro, que la busquen los ejecutivos de las discográficas, los que publican los discos basura, que para eso están. Pero sugiero un primer paso: Volver a prestar atención a la música y que las discográficas sigan el ejemplo de las que han sobrevivido. Las que empezaron como independientes han caído al fusionarse con multinacionales, en errores más graves que las propias multinacionales, básicamente porque las llevan pijos que se metieron a hacer una compañía por hacer algo, con una incapacidad manifiesta para descubrir grupos y para gestionar cualquier cosa y eso es un enorme peligro. Volvamos la vista a mitos como el de Atlantic, Crammed, ECM, 4 AD… y a gestores como Tony Wilson o Mario Pacheco, descubridores de talento y no captadores de imitadores dóciles, de esos que no dan problemas. Si no, nos quedaremos con la música basura y la música basura no tiene precio, obviamente.

jueves, 30 de abril de 2009

Parece que tocamos el miércoles 6 de mayo

Pues eso, que el 6 de Mayo Javier Colis y las Malas Lenguas presentamos nuevo disco en el Sol. Es a las 22.30 y cuesta 10 euros. Mi participación musical en el grupo es escasa. Toco el theremín en un par de temas, en plan "guest star" pero sí participo en la letras. Unas son únicamente de Colis, otras a medias y otras más mías.
Pero, como queda mal que yo diga nada y por eso jamás escribo sobre Colis, aquí pego cosas que dicen otros. Yo, lo recomiendo, sin más comentario.

Las aproximación de Javier Colis al rock como género solo cabe definirse como brutal. En expresividad, en sus objetivos y en su fórmula. Otra nube es la deconstrucción de un género, una remodelación del blues y el rock primitivo, una gesta personal de gran valor. No busquéis una formula sencilla en el nuevo trabajo de Colis, no tratéis de encontrar comodidad sonora, pues aunque la propuesta es orgánica el planteamiento resulta extremo en el sentido de que, aun cuando se hace acompañar de la mínima instrumentación, la voz del músico remueve un caldo creativo de gran peso histórico. Las raíces del rock y del blues dictan cada una de las notas que contiene, con Colis a modo de filtro, apoyado por una banda competente que parece seguir sin problemas las directrices de su líder. La influencia de Tom Waits es clara, la voz de Javier, así como sus inflexiones y modos, es deudora del americano, aunque al contar con el castellano como vehículo lingüístico gana en una originalidad de la que no disfrutaría en territorio anglosajón. No se trata de un trabajo fácil de asimilar, aunque bien merece la pena el intento. Profundizar en él no deja de ser interesante, pues se trata de un disco ciertamente vanguardista en su manera de reciclar la tradición sin complejos.JUAN JOSÉ ORDÁS FERNÁNDEZ. En Efeeme

Lo del Rock de Luxe, Metrópoli, Público, etc aquí:
http://www.latrinchera.info/pdf/otra_nube_prensa_baja.pdf

sábado, 11 de abril de 2009

Control y la trastienda doméstica del rock

Sí, en efecto, soy una fanática de Joy Division y voy a dar bastante la lata sobre Control, esa película que estoy deseando ver cuánto ha recaudado en el primer fin de semana porque, como sea mucho, me alegraré de vivir en un país mejor del que pensaba y si es muy poco, corroboraré esa sensación de que conozco al menos al 80% de las personas que han ido a verla, lo cual demuestra mi impresión de que vivo en un micromundo paralelo donde mis intereses los comparten alrededor de 1000 personas, no más, en todo el país. Veremos, la recaudación de Control va a ser la prueba del algodón.
Después de esta primera disquisición, una segunda. En el post anterior (que borraría pero dejo especialmente por el comentario de Jazznoize) me planteaba la posibilidad de que New Order y Curtis fueran unos hooligans y comentaba que si así era, me daba un poco igual. Pues bien, si nos basamos en Control, la impresión es simplemente que son unos chavales de alrededor de 20 años, de clase trabajadora, a los que el éxito les llega de repente y, desde luego, no me parece que salgan mal parados en la película. Hacen lo que cualquier chaval en pleno éxito y cierta inconsciencia juvenil haría: no darle importancia a la enfermedad de su amigo (que él, por otra parte, intenta disimular y a la que tampoco da mucha trascendencia) y disfrutar del momento.
En tercer lugar, una pequeña crítica a una película sublime, con una fotografía sencillamente genial y un planteamiento y un casting perfectos. Control se basa en el libro de Debbie Curtis, la viuda oficial de Ian. Así que hay algunos elementos que, en mi opinión, son partidistas. El hecho de que el punto de vista del filme sea el de la relación entre ambos, me parece original y perfecto, pero creo que Corbijn se ha dejado llevar por esa revancha de Debbie que enturbia un par de pasajes. Su visión es la de la chica de Manchester tradicional, que se casa con un chico guapo y sensible que cita a Wordsworth y que lo que quiere es un hombre que la cuide, que la proteja, que vaya a su trabajo, que salga de vez en cuando al pub y que vaya los sábados a alguna fiesta. Nada en contra de ello, perfectamente respetable, pero igual que Ian se da cuenta rápidamente de que su matrimonio ha sido un error, ella debería haberse percatado que el Ian estrella de rock no es el hombre que ella quiere. En cualquier caso, ella también era joven y es lógico que no tuviera una reflexión tan madura. Pero su resentimiento se nota en su libro, por supuesto, y en la película y eso llega a molestar. El ejemplo más significativo, en mi opinión, es cuando se destaca una voz en off en la que Ian explica que a él esa fama de Joy Division no le interesa, que aquello le estaba sobrepasando, que estaba obligado por el resto de la banda y que, prácticamente, hacía lo del grupo por diversión. No sé si eso sale de algo que había escrito Curtis, pero incluso si es así (todos escribimos, en momentos de desesperación, cosas que no pensamos) me parece erróneo que se destaque y se quiera dar esa impresión. Si nos ceñimos a la película, es evidente que la ambición artística de Curtis es desmedida.
Quiere ser como Lou Reed o Iggy Pop, se molesta profundamente (mientras el resto del grupo está tan contento) porque Tony Wilson, el gran Tony Wilson, simplemente enseña la portada de su single y no pone su disco en la tele; invierte todos sus ahorros familiares en la grabación del primer disco; deja su trabajo… En fin, que no cuela, que aunque Debbie nos quiera hacer creer que Ian fue arrastrado por las circunstancias y que lo que quería era tener un grupillo de domingueros y quedarse con ella, en Manchester, pues no, Ian quería/tenía que ser una estrella. Otro asunto, claro, es el personaje de la amante, la nueva. Un proceso que ya es un tópico a lo largo de la historia del rock y del que los Beatles tienen sobrada experiencia. La novia de adolescencia que se casó con un chico que empezaba no entiende las giras, las ausencias, las rarezas y la dedicación de ese chico normal que, de repente, se convierte en lo quería ser: artista. Así que llega una chica que sí comprende y comparte todo aquello, que tiene más que ver con el asunto y es una buena compañera para esa nueva etapa. Es difícil de aceptar y la prueba está en el libro de Debbie Curtis y en el de Cynthia Lennon (si tan horrible fue ¿porqué mantiene el apellido?) la primera mujer de Lennon, dos tomos que cuentan lo mismo y dos mujeres que miles de años después siguen resentidas e intentando inculcar al mundo esa impresión de que ellos les debian todo (incluso su éxito), un concepto que tan bien supo inocular Debbie a Ian, tanto que, en fin, no es difícil adivinar que la culpabilidad por no llevar una vida “normal”, recta, fue el motivo esencial (no el único, pero sí el principal) que le llevó a ponerse la soga al cuello a Curtis. Anika es la Yoko Ono de Joy Division. Una buena compañera de viaje para un hombre así, tan buena como lo fue Linda McCartney para Paul o Barbara Bach para Ringo pero, claro, de Anika sabemos poco en la película, poco más que está muy buena, que es “como francesa” (algo contra lo que una mujer no puede luchar, la “francesidad” es una cualidad imbatible) y una pija que, según ponen en boca de Curtis (ay, esa influencia de Debbie) no le permite abandonarla, como si hubiera hecho algún sortilegio o fuera una pérfida pécora que le tenía retenido con sus malas artes francesas.
Una de las escenas que más me gusta de Control es cuando Ian llega a casa después de una gira. En el fondo es lo que cuenta en Isolation. La gira es el parque de atracciones, Shangrilá, Oz… o más bien el País de Nunca Jamás, un territorio donde no hay responsabilidades, donde el road manager se ocupa de pagar el hotel, de recogerte, llevarte, contactar con los dealers, seleccionar a las grouppies… el paréntesis de la eterna adolescencia. Llegar a casa, donde te espera una mujer malhumorada porque no tiene un duro, una niña llorando y unos platos por fregar no es el mejor aterrizaje. Es injusto, pero es humano. Esa fase, del grupo que aún no es muy muy famoso (porque en ese caso, no hay problema, llega a una mansión con servicio) y vuelve a la realidad del hogar es algo que siempre me ha intrigado. Cuando entrevisté a Jagger, le pregunté por aquello. Por cómo era volver a casa (cuando aún no era Dios, pero tenía bastante éxito) después de una gira y lo reconoció, dijo que era lo más duro que había del rock. Tener que sacar la basura (y saber que si no lo haces, te va a caer la bronca) después de que todo el mundo te ha estado diciendo que eres el mejor del mundo. Ese es el enfoque en esta película se ha perdido, por algo lógico, es normal que Debbie no quisiera que ese fuera el “testamento” de “su” hombre, pero ahí tenemos Isolation, en mi opinión, la canción que es la clave de la historia de Ian Curtis y también de la trastienda doméstica del rock.

La Letra
In fear every day,m every evening,
he calls her aloud from above,
carefully watched for a reason,
painstaking devotion and love,
surrendered to self preservation,
from others who care for themselves.
A blindness that touches perfection,
but hurts just like anything else.
Isolation, isolation, isolation.
Mother i tried please believe me,
i'm doing the best that i can.
i'm ashamed of the things i've been put through,
i'm ashamed of the person i am.
Isolation, isolation, isolation.
But if you could just see the beauty,
these things i could never describe,
these pleasures a wayward distraction,
this is my one lucky prize.
Isolation, isolation, isolation, isolation, isolation.

jueves, 9 de abril de 2009

¿Era Ian Curtis un hooligan?


Euforia absoluta, casi primaveral, por el estreno de Control. Por fin podré verla en pantalla grande, lo cual es esencial, teniendo en cuenta que el autor es Anton Corbijn, el mejor cronista visual del afterpunk y el hombre indicado (precisamente porque no es la alegría de la huerta) para hacer esta película. El estreno de Control y algo de lo que se desprende de los artículos que se han publicado en El País, me hacen reflexionar sobre dos asuntos. Por una parte, lo increíble... bueno, mejor dicho, lo lamentablemente creíble que resulta que se haya estrenado con dos años de retraso en nuestro país. Una muestra más del poco caso que se le hace al pop y al rock y lo que queda para que la cultura pop se considere cultura, como la otra, la oficial.
Por otra parte, el asunto de que Peter Hook y el resto de New Order sean unos patanes, como afirma Manrique en un artículo que suscribo totalmente, excepto en ese matiz... quiero decir, no es que piense que no sean unos patanes, no, sino que ello no les anula como embajadores de lo cool, entre otras cosas, porque entonces la cantera de Manchester (en mi opinión una de las más fértiles de la historia del pop) quería invalidada en su totalidad.

En fin. La primera entrevista que hice en mi vida fue precisamente a New Order (a los 17 años) y sí, yo que soy de Torremolinos y sé lo que es un hooligan inglés, los reconocí al instante. Además, precisamente el año pasado pasé muchas horas con uno de sus teloneros, el rey del spoken word, John Cooper Clarke, y sí, también, pese a su look y a su pelo cardado, llevaba a un fanático cervecero, fan del Manchester United debajo de sus pantalones de pitillo. Y, vamos, no hay más que ver el proyecto en solitario de Hook, Revenge, con esa portada de la chica escotada subida a la moto, para saber que las grandes preocupaciones de Hook son tres: la cerveza, el fútbol y las glándulas mamarias de un tamaño considerable. Y él, además, está orgulloso de ello; en las entrevistas no se preocupaba en disimularlo (especialmente lo su pasión por las glándulas mamarias de tamaño considerable, doy fe). ¿Y qué? ¿por eso es peor Blue Monday, por poner un ejemplo? Recordemos que Blue Monday llegó al éxito gracias a España y por una razón más física que intelectual. Tony Wilson llamó alarmado a Mario Pacheco preguntándole qué pasaba en nuestro país porque el maxi de Blue Monday se vendía como rosquillas. Pacheco le tuvo que explicar que se había convertido en el gran éxito de las discotecas de Ibiza y que todos los Hooligans que iban allí (muchos de ellos de Manchester) estaban entusiasmados con el disco. Al volver a su país, convirtieron la canción en número uno.
Hombre, el caso de los New Order no es aislado. En 24 Hours Party People, una película esencial, se explica cómo eran Happy Mondays (a los que también entrevisté y todo ese rollito moderniqui, tipo pre-festival de Benicassim, se iba al traste viéndoles a ellos y al padre de Bezz, que era su manager, y parecía un secundario de película de Ken Loach). Sí, la mayoría de los chicos de Factory eran unos patanes. No eran los tipos cool de 4AD o de Creation, no. Si quitamos a Vini Reilly y alguno más, en general, el futbol y no los simbolistas era su pasión (aunque una cosa no esté reñida con la otra, pero no era el caso). Y, en fin, y mira que idolatro a Ian Curtis y Love will Tear us Apart o She’s lost Control son unas de mis 10 canciones favoritas, pero no tengo claro que fuera precisamente un tipo trendy, cool y todo eso, pero, sinceramente, me da un poco igual. Los ídolos están para eso, para proyectar en ellos y en su obra lo que a una le da la gana y si a Ian le gustaba más las beans con salchichas que el caviar de Beluga, pues bueno, no voy a pensar mucho en ello.